La luxación de rótula en perros se clasifica en cuatro grados, del I al IV, según cuánto se sale la rótula de su sitio y con qué facilidad vuelve. El grado I casi nunca se opera y el grado IV casi siempre. En medio, en los grados II y III, está la decisión de verdad, y ahí no manda el número: manda si el perro cojea, cuánto y desde cuándo.
¿Qué es exactamente la luxación de rótula?
La rótula es el hueso pequeño que se desliza por un surco en la parte baja del fémur cada vez que el perro dobla y estira la rodilla. En la luxación de rótula, ese hueso se sale del surco y se va hacia un lado, casi siempre hacia dentro. Cuando se sale, la rodilla deja de funcionar durante unos segundos.
De ahí viene el gesto que trae a la mayoría de las familias a la consulta, y que se reconoce en cuanto lo ves: el perro va trotando tan tranquilo, de pronto da un saltito con una pata trasera en el aire, la sacude, y sigue como si nada.
Eso no es un capricho ni una manía. Es la rótula saliéndose y volviendo a entrar.
La mayoría de los casos no vienen de un golpe. Vienen de cómo está construida la pata: el surco es demasiado plano, o el fémur y la tibia no están perfectamente alineados, y la rótula no tiene dónde agarrarse. Por eso aparece tantas veces en perros pequeños y jóvenes, y por eso a menudo afecta a las dos rodillas aunque solo se note una.
Los 4 grados de luxación de rótula, explicados
Los cuatro grados describen dos cosas: si la rótula está dentro o fuera en reposo, y si vuelve sola a su sitio. Van del grado I, en el que la rótula está colocada y solo se sale si alguien la empuja, al grado IV, en el que está permanentemente fuera y no se puede recolocar ni con la mano.
| Grado | Qué ocurre con la rótula | Qué se ve en casa |
|---|---|---|
| Grado I | Está en su sitio. Solo se sale si el veterinario la empuja, y vuelve sola al soltarla. | Normalmente nada. Suele ser un hallazgo casual en una revisión. |
| Grado II | Se sale sola al flexionar la rodilla y vuelve sola, o al estirar la pata. | El saltito clásico. Va y viene. Algunos días más, otros ninguno. |
| Grado III | Está fuera de forma permanente. Se puede recolocar con la mano, pero se vuelve a salir enseguida. | Cojera constante, postura agachada de las patas traseras, el perro deja de saltar. |
| Grado IV | Está fuera y no se puede recolocar. El hueso ya se ha deformado alrededor. | El perro camina en cuclillas o casi no apoya. Suele verse desde cachorro. |
Esta clasificación es estándar en medicina veterinaria y la recoge el Manual Merck de Veterinaria, que describe el grado I como el de signos leves o directamente subclínicos.
Conviene quedarse con una idea: el grado mide la mecánica de la articulación, no el sufrimiento del perro. Son dos cosas distintas y no siempre van juntas.
¿Qué grado se opera y cuál no?
Como regla general, el grado I no se opera y el grado IV sí. Entre medias, en los grados II y III, es donde se toma la decisión de verdad, y ahí no vale una respuesta automática. El Colegio Americano de Cirujanos Veterinarios sitúa el umbral quirúrgico a partir del grado II, siempre que haya síntomas.
Esto choca con lo que se lee en muchos sitios, donde se repite que los grados I y II se dejan y los III y IV se operan. Es una simplificación y hace daño en las dos direcciones: hay grados II que llevan meses cojeando y se quedan sin operar, y hay grados III en perros mayores que se operan sin que nadie se pregunte si merece la pena.
La referencia internacional lo dice con cuidado. El American College of Veterinary Surgeons señala que la cirugía se plantea normalmente a partir del grado 2, y que una luxación que no produce ningún síntoma se vigila pero no suele operarse, sobre todo en perros pequeños.
Fíjate en la condición que va pegada al grado: que dé síntomas. El número solo no es la indicación.
Entonces, ¿qué decide de verdad la cirugía?
La decisión de operar una luxación de rótula se toma cruzando cinco cosas: el grado, cuánto cojea el perro en su vida diaria, su edad, su tamaño y si la articulación ya tiene daño asociado. Una rodilla de grado II en un perro de dos años que cojea tres días por semana es candidata clara. La misma rodilla en un perro de trece años que no se queja, no lo es.
Los cinco puntos, de más a menos peso:
- Si cojea y cuánto. No cuánto cojeaba el día de la consulta, sino cuántos días de la semana y desde hace cuánto. Aquí la familia sabe más que nadie.
- La edad. En un perro joven, una rótula que se sale un año tras otro va deformando el hueso y desgastando el cartílago. Operar pronto evita ese camino. En un perro mayor, la deformación ya está hecha y la cirugía tiene menos que salvar.
- El tamaño. Un perro de cuatro kilos tolera una rótula inestable mucho mejor que uno de treinta, sencillamente porque la articulación soporta menos peso en cada paso.
- Si hay daño asociado. Es lo que cambia el plan por completo, y va en el apartado siguiente.
- El estado general. Una cardiopatía o una insuficiencia renal no impiden operar, pero sí cambian la conversación sobre la anestesia, y hay que tenerla antes, no después.
En el servicio de traumatología de Vetericlinic, el criterio del Dr. Antonio Cañadillas es que a una luxación de rótula que no produce cojera no se le pone fecha de quirófano: se le pone fecha de revisión. Y que un grado II que cojea a diario no es un caso leve por llamarse dos.
¿Por qué una rótula que se sale acaba rompiendo el ligamento cruzado?
Una rótula inestable obliga a la rodilla a trabajar torcida durante años, y esa carga anormal recae sobre el ligamento cruzado craneal, que acaba degenerándose y rompiéndose. Por eso en muchos perros la luxación de rótula y la rotura de cruzado aparecen en la misma rodilla, y por eso las dos cosas se valoran juntas.
Es la parte que casi nunca se cuenta en los artículos para propietarios, y es justo la que más cambia el pronóstico.
El Manual Merck lo menciona de forma explícita: las lesiones simultáneas del ligamento cruzado craneal y del menisco medial deben identificarse y tratarse. No se trata de dos problemas que coinciden por casualidad: uno favorece al otro.
Esto tiene una consecuencia práctica que conviene entender antes de decidir. Si tu perro lleva dos años con el saltito y de pronto empieza a cojear de forma constante, sin querer apoyar, lo primero que hay que descartar no es que la rótula haya empeorado. Es que el ligamento cruzado se haya roto.
Y hay una segunda consecuencia, a más largo plazo: una articulación que trabaja mal durante años desarrolla artrosis. Esa artrosis no se quita operando la rótula. Se frena. Por eso el momento de la cirugía importa tanto como la cirugía.
¿Cómo se detecta una luxación de rótula?
La luxación de rótula se diagnostica con las manos, no con la radiografía. El veterinario palpa la rodilla con el perro relajado, flexiona y extiende, y comprueba si la rótula se sale, si vuelve sola y con cuánta facilidad. Ese gesto es el que asigna el grado.
Las radiografías vienen después, y sirven para otra cosa: ver cómo está la alineación del fémur y la tibia, medir la deformación si la hay, y buscar signos de artrosis o de daño en el ligamento. Son las que permiten planificar la cirugía, no las que dan el diagnóstico.
Aquí hay un detalle que explica por qué a veces dos veterinarios dicen cosas distintas de la misma rodilla: un perro tenso enmascara la luxación. Si el animal contrae toda la musculatura del muslo sobre la mesa, la rótula no se mueve y la exploración se queda corta. Eso no significa que la rodilla esté bien. Significa que hay que repetirla con el perro tranquilo, o valorar sedación.
Cuando el caso es dudoso, o cuando hay que decidir entre técnicas, entra el diagnóstico por imagen con más detalle.
¿En qué consiste la operación?
La cirugía de luxación de rótula no es una técnica única: es una combinación de gestos que se elige para cada rodilla. Los tres más habituales son profundizar el surco por donde corre la rótula, mover el punto donde se ancla el tendón en la tibia, y ajustar los tejidos blandos que la sujetan a los lados.
Lo importante para quien tiene que decidir no son los nombres, sino esto: el objetivo no es «colocar la rótula». Es cambiar la mecánica para que no se vuelva a salir. Colocarla sin corregir por qué se salía es lo que hace que algunos perros vuelvan a luxarse meses después.
La combinación exacta se decide con la rodilla delante, con las medidas de la radiografía y, en parte, ya en el quirófano. Un cirujano que te diga por teléfono exactamente qué va a hacer antes de haber visto las imágenes te está contando lo que suele hacer, no lo que necesita tu perro.
Si tiene las dos rodillas mal, ¿se operan a la vez?
Cuando las dos rodillas necesitan cirugía, lo habitual es operarlas por separado y dejar pasar unas semanas entre una y otra. El motivo es sencillo: después de operar, el perro tiene que apoyarse en la pata buena para moverse, y si las dos están recién operadas no le queda ninguna donde descargar el peso.
Hay excepciones. En perros muy pequeños, con grados bajos y un postoperatorio bien controlado, a veces se plantea hacerlo en la misma anestesia. Se gana una anestesia y se acorta el proceso total, pero el postoperatorio es mucho más exigente para la familia y hay que estar seguro de que se va a poder cumplir.
La pregunta que hay que hacerse no es cuál sale más barato. Es si en casa se va a poder sostener un perro que durante unas semanas no se maneja solo, y si esa rodilla se opera primero porque cojea más o simplemente porque es la que se notó antes.
¿Cómo es la recuperación después de operar?
La recuperación de una cirugía de rótula se apoya en una sola cosa y es poco glamurosa: reposo estricto durante las primeras semanas, con paseos cortos y atados, sin saltos, sin escaleras y sin carreras. El hueso y los tejidos necesitan ese tiempo para consolidar en la posición nueva.
Las fases, contadas sin adornos:
Los primeros días son de control del dolor y de vigilar la herida. El perro apoya poco y eso es normal.
Las primeras semanas son las que deciden el resultado, y también las más difíciles para la familia, porque el perro empieza a encontrarse bien antes de estar curado. El día que salta al sofá porque ya no le duele es el día en que se puede estropear el trabajo.
Después viene la vuelta progresiva a la actividad, guiada por la revisión y, cuando hace falta, por rehabilitación. Los plazos exactos dependen de la técnica empleada, del tamaño del perro y de lo que muestre el control radiográfico. No hay un número que valga para todos, y desconfía de quien te lo dé antes de operar.

¿Se puede evitar la cirugía con ejercicio y peso?
En los grados bajos y sin cojera, el manejo conservador es una opción razonable: mantener al perro delgado, trabajar la musculatura del tren posterior, evitar saltos y suelos deslizantes, y revisar la rodilla periódicamente. Lo que no hace el manejo conservador es corregir la causa, porque el surco plano o la mala alineación siguen ahí.
Dicho de otra forma: el ejercicio y el control de peso compensan una rodilla inestable, no la estabilizan.
El peso es el factor que más rendimiento da y el que más se descuida. Cada kilo de más se paga en cada paso, y en una articulación que ya trabaja torcida se paga el doble.
Y una cosa que se olvida en los pisos: el suelo. Un perro pequeño que patina en el parqué o en el gres está forzando la rodilla varias veces al día. Unas alfombras en los recorridos habituales y recortar el pelo de entre las almohadillas cambian más de lo que parece.
Preguntas frecuentes sobre la luxación de rótula en perros
¿Le duele a mi perro cuando le salta la rótula?
En el momento del salto hay una molestia breve, y por eso muchos perros no se quejan. El problema no es ese segundo: es el desgaste acumulado. Una rodilla que se luxa a diario durante años va desarrollando artrosis, y ese dolor sí es constante y sí limita, aunque aparezca tarde y de forma silenciosa.
¿Qué razas tienen más luxación de rótula?
Es mucho más frecuente en razas pequeñas y miniatura, y en muchas de ellas tiene un componente hereditario: la forma del surco y la alineación de la pata se transmiten. También aparece en razas grandes, donde suele luxarse hacia fuera en lugar de hacia dentro y se comporta de forma distinta.
¿Puede afectar a las dos rodillas?
Sí, y es lo habitual. En muchos perros las dos rodillas están afectadas aunque la familia solo haya notado una, porque el animal compensa con la que menos le molesta. Por eso la exploración se hace siempre en las dos patas, aunque solo cojee de una.
¿Qué pasa si no opero a mi perro?
Depende del grado y de si cojea. Un grado I sin síntomas puede acompañar al perro toda la vida sin dar problemas. Un grado III en un perro joven que no se opera tiende a deformar más la articulación, aumenta el riesgo de que se rompa el ligamento cruzado y acaba en una artrosis que ya no se puede deshacer.
¿Cuánto cuesta operar una luxación de rótula?
Depende de la técnica que necesite esa rodilla, de si hay que tratar además el ligamento cruzado y del tamaño del perro, así que cualquier cifra dada por teléfono antes de ver las radiografías es orientativa en el peor sentido. Lo correcto es una valoración con imagen y un presupuesto cerrado por escrito antes de decidir nada.
Que la rodilla la explore quien vaya a operarla
Este artículo sirve para que entiendas qué te están contando y qué preguntas hacer. No sustituye a que alguien palpe esa rodilla, porque el grado se asigna con las manos y el plan se decide con las imágenes delante.
En Vetericlinic valoramos luxaciones de rótula de principio a fin: exploración ortopédica de las dos rodillas, radiografías para medir la alineación, y cirugía ortopédica planificada cuando está indicada. Si vienes con una segunda opinión, trae las radiografías: se valoran igual.
Si lo que has visto es el saltito y todavía no sabes si es esto, empieza por aquí: qué observar cuando un perro cojea.
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